Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a tus cristales
jugando llamarán;
pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros
nombres.
Esas... ¡No volverán!
Volverán las tupidas madre selvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aún más
hermosas,
sus flores se abrirán;
pero aquellas cuajadas de rocío,
cuyas gotas, mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día...
Esas... ¡No volverán!
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará;
pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar.
como yo te he querido...
Desengáñate.
¡Así no te querrán!
Gustavo Adolfo Becquer
¡Oh maravilloso poder del verbo!
ResponderEliminar¿quién te resiste? ¡oh formidable fuerza de
la palabra! ¿quién te vence?
En el medroso silencio, que bien te insinúas en
la oreja timida; en el fragoroso estruendo,
qué bien retumbas en el pecho esforzado.
¡Qué prudente, si aconsejas; qué sutil, si engañas;
qué blando, si acaricias; que rustico, si ofendes;
qué cálido, si enamoras!.